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¿Quieres un bicho verde?


Ir en autobús es un acto que muchos de nosotros hacemos muy a menudo, ya sea por no disponer de coche, por imposibilidad de aparcamiento, por falta de carnet de conducir o porque vamos de fiesta y por tanto “Si bebes no conduzcas”. Pero ¿Cómo debemos coger un autobús?

Hay una parte de dicho proceso que todo el mundo que quiera ir en autobús debe hacer, a una mayor o menos velocidad, pero a la parada siempre hay que llegar porque sino el autobús pasará de largo y no podrás subirte. Una vez estés en la parada debes ponerte en posición de búsqueda y observación, intentando visualizar a lo lejos un “bicho” grande de color verde, azul o rojo (todo depende de la zona en la que cojas el autobús). Como esto no suele ocurrir nada más llegar a la parada, haremos algunos ejercicios para amenizar la espera, la cual suele durar bastante. Se deben hacer unos ejercicios de calentamiento para poder agilizar los brazos y que estos estén preparados y sean rápidos en sus movimientos para cualquier acontecimiento que requiera su utilización. Continuando con el calentamiento, hay que estirar y hacer crujir los dedos para poder efectuar la parada del autobús. Una vez hayamos calentado, hay que ponerse en posición de carrera, como si nuestra vida dependiese de ello, cuando esté visualizado el elemento de transporte a parar, tenemos varias opciones para indicarle al Señor “Autobusero” que queremos montarnos en su autobús: ponernos en el centro de la calzada arriesgando nuestra vida, esquivando coches y demás elementos circulantes; estirar el brazo (el cual ya esta calentado, gracias a nuestros ejercicios será muy eficiente) en posición de media cruz latina, lo malo es que puede ser arrollado por el mismo autobús si no lo retiramos a tiempo; otra de las opciones es poner el dedo en posición E.T. corriendo el riesgo de que la gente de la marquesina piense que estas loco o que quieres un Donuts; y por último la última forma de pedir un autobús es juntando todas las anteriores corriendo un 99’9% de posibilidades de ser atropellado y catalogado como peligro público.


Una vez el autobús haya parado y nosotros sigamos sanos y salvos, se nos plantea un gran debate y discusión sobre ¿Quién entra primero? Lo lógico sería en orden de llegada a la parada, pero como cada uno esta haciendo sus ejercicios y calentamientos no hay tiempo para fijarse en quien llegó y en que orden lo hizo, por tanto, hay que correr disimuladamente hacia la cola que se forma en la puerta del autobús, la cual nunca es uniforme, ya que siempre se forma una paralela o como me gusta a mi llamarla “paralistos” en la que se sitúan aquellos que no sólo han tenido que hacer un sprint hasta el autobús, sino que encima de haberse saltado todos los pasos para pedir el autobús, se intentan colar saltando la fila ordenada que había y poniéndonos a nosotros, personas eficaces y preparadas para coger el autobús, en un estado de nerviosismo y compromiso, ya que por ser educados y cederles el paso con la típica frase de “-pase señor/a” ellos te contestan  un“-no pase usted” y tú dices “-No, no, bueno… gracias” y justo cuando estás diciendo “grac…” los dos damos un paso al mismo tiempo para entrar a la vez en el autobús, lo cual, es físicamente imposible y entonces hay que volver a retroceder y  este proceso se vuelve a repetir varias veces, mientras se oye de fondo “¡no te cueles llevo aquí tres cuartos de hora!” “¡decidiros a pasar  de una vez!” y otros comentarios los cuales no proceden ser reflejados en estas instrucciones.

Por tanto si quieres coger un autobús vete con mucho tiempo, ten cuidado con tu vida, ya que no es una tarea fácil y vete con carácter y decidido a entrar tú primero en el autobús para evitarte todo tipo de discusiones con los demás pasajeros.

Y si quieres ahorrarte todo este lío, pide un taxi que te recoge en casa y te deja en la puerta de tu destino.



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